Tour en Bici por París “Coulée Verte”

Nota del domingo 27 de Mayo en el diario La Nación por Pierre Dumas. 

Onda verde en París

Un paseo en bicicleta para atravesar la capital francesa por parques y jardines, y conocer la ciudad de otra manera

Suena como una apuesta. Y parece imposible poder cumplirla: encontrar una manera de cruzar París de punta a punta en medio del verde. ¿Será realmente imposible en una ciudad donde el asfalto, liso y prolijo, se extiende incluso sobre las veredas? Un viejo dicho recuerda que la palabra imposible no existe en el lenguaje francés. Para comprobarlo, nada mejor que una bici y… ¡listo para el desafío!

En cada extremo de la ciudad, los puntos de llegada y partida parecen obvios con un mapa en mano: los bosques de Boulogne en el Oeste y de Vincennes en el Este. Hasta ahí, todo bien. Pero, ¿y en el medio? La mejor opción para ir de una mancha verde a otra sobre el mapa resulta ser la orilla izquierda del Sena, la que tiene la Torre Eiffel, el Barrio Latino, el Museo de las Ciencias. Adiós entonces a la Opera, los Champs Elysées, el Louvre y Montmartre. Si bien la orilla derecha tiene parques y avenidas arboladas, el recorrido de hoy pasa por la vereda, o mejor dicho la ribera, de enfrente.

Subir y bajar

Durante el primer milenio, el bosque de Boulogne era una extensa superficie de robles, mencionada en algunos documentos históricos ya en tiempos de Carlomagno. El refugio de lobos de antaño fue el lugar de paseo por excelencia en el siglo XIX, antes de convertirse en la jungla nocturna del inframundo de hoy. Pero el bosque sigue siendo un gran lugar para pasear de día y ver, entre otros atractivos, las carreras de caballos y los partidos de tenis de Roland Garros. Como se encuentra del otro lado del Periférico (la autopista que rodea toda la ciudad) hay que transitar por una de las puertas (así se llaman los nexos que permiten cruzarla): la de Auteuil. Hay varias otras que conectan el gran bosque con el oeste de París, como las de Maillot, Passy o La Muette.

La bici nos lleva así directamente por el elegante y poco transitado bulevar Exelmans, recordado en Francia porque en su N° 116 tenía sus oficinas en los 70 el ídolo de la canción Claude François, el autor de A mi manera ( Comme d’habitude ). Una plazoleta lo recuerda a pocos metros, mientras a 35 años de su muerte, el film Cloclo -biopic que arrasa en las salas de cine francesas- desató una ola de nostalgia hacia sus temas.

Para seguir el itinerario verde hay que llegar a la orilla izquierda del Sena, y por eso mismo cruzarlo. Se hace por el Puente del Garigliano, el más alto de París, que permite desembocar en el parque André Citroën. Esta es una de las zonas de esparcimiento más recientes de la ciudad: antiguamente había allí un puerto pesquero y a principios del siglo XX, la fábrica de automóviles Citroën. Hoy es un jardín de 14 hectáreas con juegos de agua muy apreciados por los chicos durante julio y agosto. Se puede dejar la bici un tiempo para subirse al globo aerostático que es la gran atracción de este parque y asciende a 150 metros (la mitad de la Torre Eiffel), para tener una hermosa vista sobre toda la Ciudad Luz y la vecina torre.

Y ya que hablamos de la torre, es la siguiente etapa de este recorrido. La inmensa explanada verde del Campo de Marte no podía faltar en este itinerario. Al pie de la dama de hierro hay que bajarse otra vez de la bici para subir y tener otra vista de París. Y esta vez se puede ver el globo del parque Citroën.

De la escuela militar que está en la otra punta del Campo de Marte se puede optar por los Invalides, que tiene otra gran explanada (con una perspectiva hermosa sobre el Sena, el Puente Alejandro III y el Grand Palais), o bien ir directamente a los jardines del Luxemburgo por la avenida Montparnasse. Para quien realmente disfruta las vistas desde arriba se puede hacer un último alto vertical y subir a la torre Montparnasse, el único rascacielo dentro de París mismo (mide 210 metros).

Parques con historias

Antes de llegar a los jardines se puede conocer algunos de los squares (placitas o plazoletas) del barrio. Uno de los más románticos y menos conocidos, incluso por los propios vecinos, recuerda a Madame Récamier, la musa de Chateaubriand. Cuando se derribó el edificio donde vivía, en medio de una manzana, se hizo una plaza arbolada adonde se llega por una callecita que allí mismo se corta y le da privacidad. Es el lugar ideal para una cita romántica, como las que ella tuvo con el poeta.

Los jardines del Luxemburgo son mucho, mucho más concurridos. Fueron creados a pedido de María de Médicis a principios del siglo XII. Lo que fue su palacio es hoy el Senado francés y anteriormente fue una cárcel durante la revolución (Danton y Camille Desmoulins estuvieron entre aquellos muros). El elegante parque de hoy es también un lugar donde iniciarse en la apicultura, en pleno corazón de París, porque tiene un sector de panales, y es también favorito de los chicos que pueden hacer paseos en pony, botar barquitos en la gran fuente y ver espectáculos de marionetas.

Hasta el Luxemburgo, París mostró ser una ciudad bastante verde. Pero falta más. Hay que adentrarse en el corazón del Barrio Latino y pasar por el Panteón para llegar a otro gran parque, el Jardín Botánico, justo al lado de la estación de Austerlitz. Antes de llegar se puede hacer un alto en las Arenas de Lutecia, donde están los últimos vestigios de un circo romano del primer siglo de nuestra era. Fue exhumado en 1869 gracias a obras viales y resultó uno de los más grandes de las Galias, antes de servir de cantera a los parisienses hasta la Edad Media.

El Jardín Botánico es un mundo en miniatura. No hay que perderse el gran Desfile de la Evolución, con animales embalsamados que parecen irse en fila india (¿a un concierto de St Saëns para escuchar el Carnaval de los animales ?) en el Museo de Historia Natural. No hay que perderse los invernaderos, reabiertos en 2010 con jardines tropicales de México, Madagascar y Australia; tampoco el zoo (La Ménagerie es uno de los dos más antiguos del mundo) y varios espacios especializados como el Jardín Alpino. Entre las curiosidades que se pueden ver hay un quiosco de metal sobre una pequeña loma. Es una de las primeras estructuras de hierro del mundo y tenía un reloj que marcaba las 12 del mediodía gracias a un mecanismo regulado por? una crin de caballo. La loma, por su parte, se debe a que este lugar era un basural en la época medieval.

Saliendo del Jardín Botánico, falta poco para ganar la apuesta. Y ya estamos en el este de París. Se cruza el Sena por segunda y última vez para llegar a Bercy y sus parques. Es una zona relativamente nueva de la ciudad, o nuevamente urbanizada sobre los depósitos y muelles del puerto de vinos. El parque bordea el Palais Omnisports, una sala de espectáculos y torneos deportivos.

Muy cerca está el nuevo centro comercial de Paris Bercy, uno de los pocos abiertos los domingos y feriados (un dato importante en una ciudad donde se aplican con rigidez las reglamentaciones de apertura de comercios). A orillas del Sena hay una ciclovía que permite transitar sin problemas al lado de vías rápidas para los autos. Se llega finalmente en poco tiempo al Bosque de Vincennes, por las calles Joseph Kessel y de los Meuniers.

Como el bosque de Boulogne, el de Vincennes está del otro lado del Periférico. Hay que pasar otra vez por una puerta , la de Reuilly. Es el mayor de los espacios verdes de París y también había sido un terreno de caza siglos atrás, para uso exclusivo de los reyes de Francia, según la tradición iniciada en el siglo X por Hugues Capet. Fue transformado en parque público durante el siglo XIX, con las grandes obras de Napoleón III y el barón Haussmann. Hay mucho para ver: un jardín tropical, un castillo, una granja, una escuela de equitación y hasta un templo budista. Y para conocerlo todo, las dos ruedas son el medio de transporte ideal, aunque hay que tener en cuenta que en ciertas zonas, como en las demás plazas de la ciudad, hay que transitar caminando, con la bici en mano.

DATOS UTILES

CIRCUITO

Bicis en París : la ciudad tiene un servicio de alquiler de bicicletas público llamado Vélib’ en todos sus barrios. Las modalidades de uso, de pago y el sistema para conocer la disponibilidad de unidades en cada estación se pueden consultar en www.velib.paris.fr

Recorrido : aproximadamente 20 kilómetros que se pueden realizar de medio día a un día, según las paradas que se hagan. Sin etapas, un par de horas alcanzan.

París en la Web : www.parisinfo.com.

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